La miel argentina conquista mercados externos, pero sigue relegada en la mesa local

La miel argentina atraviesa una paradoja: mientras gana reconocimiento y demanda en el exterior, su consumo interno continúa siendo bajo. En diálogo con una productora apícola de Esquina, se expone una realidad que combina potencial productivo, oportunidades comerciales y un desafío cultural aún pendiente.

Argentina cuenta con entre 70 y 80 variedades de miel, determinadas por la diversidad floral y geográfica del país. Sin embargo, cerca del 95% de la producción se destina a la exportación, según coinciden referentes del sector y reportes de la FAO. Esta cifra refleja no solo la calidad del producto, sino también la escasa incorporación del alimento en la dieta cotidiana de los argentinos.

En declaraciones a Radiofmtotal Silvia Gómez, apicultora e integrante de una cooperativa en el sur correntino, señala que el problema radica principalmente en una cuestión cultural. “La miel se asocia más a un remedio que a un alimento de consumo diario”, explica. En su experiencia, el cambio podría comenzar con hábitos simples, como reemplazar el azúcar por miel en infusiones o incorporarla en preparaciones caseras.

En el ámbito productivo, los pequeños apicultores enfrentan dificultades estructurales. La cooperativa local, integrada por unos 15 productores, logra comercializar entre 25 y 30 toneladas anuales en temporadas favorables, vendiendo a acopiadores de provincias como Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba. Sin embargo, factores climáticos como la sequía y los incendios han golpeado fuertemente al sector en los últimos años, reduciendo rendimientos e incluso provocando pérdidas totales de colmenas en algunos casos.

A pesar de este escenario, los productores continúan impulsando estrategias para fomentar el consumo interno. Desde la participación en ferias y fiestas patronales hasta la promoción en redes sociales, buscan acercar la miel al consumidor. También destacan la importancia de eventos regionales y del trabajo articulado entre cooperativas para fortalecer la actividad en la provincia.

El desafío, coinciden, es doble: sostener el crecimiento exportador y, al mismo tiempo, instalar la miel como un alimento habitual en la mesa argentina. La materia prima y las condiciones productivas están dadas; resta consolidar el cambio cultural que permita aprovechar, puertas adentro, uno de los productos más valorados del país en el mundo.

Comentarios

Comentar artículo