Preocupación en el sector frutihortícola por el impacto del combustible, el clima y la caída del consumo

El aumento del precio de los combustibles, el contexto internacional y los fenómenos climáticos extremos generan preocupación en el sector frutihortícola. Así lo expresó Marcos Danuzzo, referente de la Cámara Argentina de la actividad frutihortícola, quien analizó el panorama actual y las dificultades que atraviesan productores y comerciantes.

Danuzzo explicó en declaraciones a Radiofmtotal  que existen factores que el sector no puede controlar y que hoy condicionan fuertemente la actividad. Por un lado, el contexto internacional —con conflictos en Medio Oriente que impactan en el precio del petróleo— encarece los combustibles y, en consecuencia, toda la cadena de costos vinculada al transporte y la producción. Por otro lado, los cambios climáticos bruscos afectan directamente la oferta de distintos productos.

En ese sentido, mencionó fenómenos recientes como tormentas intensas en la región centro del país y excesos de lluvia que podrían afectar cultivos como la cebolla. También señaló faltantes puntuales de algunos productos, como la naranja, mientras que en otros casos hay sobreoferta con precios muy bajos que perjudican a los productores.

“El tomate de Corrientes llegó a venderse entre 8 y 10 mil pesos el cajón, cuando en otros mercados se paga mucho más. Muchas veces el productor prefiere vender barato antes que perder la mercadería, porque no se trata de un producto que se pueda almacenar mucho tiempo”, explicó.

El referente remarcó que la actividad frutihortícola tiene una particularidad: trabaja con productos perecederos. “Nosotros no vendemos cemento. Si una verdura no se vende rápido, se pierde”, sostuvo.

Caída del consumo

Otro de los factores que impacta en el sector es la retracción del consumo. Según Danuzzo, el cambio en los hábitos de compra de las familias es evidente.

“Antes una persona iba a la verdulería y compraba tres o cinco kilos de papa o de cebolla. Hoy compra lo justo para consumir. Tal vez medio kilo de cebolla o cuatro tomates para el fin de semana”, indicó.

Esta situación genera menores ventas y también obliga a los comerciantes a ajustar precios constantemente en función de la oferta y la demanda.

El impacto del transporte

El incremento del combustible también repercute directamente en los costos logísticos. Como ejemplo, Danuzzo explicó que el valor del flete desde regiones productoras como Río Negro hacia el noreste argentino pasó de unos 2.100 pesos por bulto en diciembre a cerca de 3.300 pesos en las últimas semanas.

Ese aumento termina trasladándose al precio final de los alimentos.

“Si el combustible sube un 20%, todos pierden ese 20% de capacidad: el productor, el transportista, el comerciante y también el consumidor”, señaló.

Contrabando y competencia desleal

El referente también advirtió sobre el ingreso irregular de productos desde países limítrofes, una situación que perjudica a los productores locales.

Corrientes comparte fronteras con Brasil, Paraguay y Uruguay, lo que dificulta el control total del tránsito de mercadería. Según explicó, muchos productores deben cumplir con todos los requisitos impositivos y sanitarios para ingresar a los mercados, mientras que otros productos ingresan sin tributar ni cumplir controles.
Por ello planteó la necesidad de fortalecer los controles y establecer mecanismos más integrados entre organismos nacionales y provinciales.

Falta de industrialización

Finalmente, Danuzzo destacó que uno de los grandes desafíos de la región es avanzar en la industrialización de la producción.

“Nos falta dar el salto a tener industrias que procesen tomate, pimiento u otros productos. Si hubiera más industrialización, se podrían aprovechar los excedentes y evitar pérdidas”, afirmó.

Mientras tanto, el sector continúa enfrentando un escenario complejo en el que confluyen el aumento de costos, la volatilidad climática y una demanda más limitada por parte de los consumidores.
 

 

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