La reciente aparición de carne de burro en una carnicería de Trelew, en la provincia de Chubut, abrió un debate en todo el país sobre nuevos hábitos de consumo y alternativas más económicas frente al alto precio de la carne vacuna. El tema tomó relevancia nacional luego de que en pocos días se agotara la oferta disponible, despertando curiosidad y también controversia.
En una entrevista excluisiva a Radiofmtotal, el empresario cárnico Alberto Schiffo con más de cinco décadas en la industria, sostuvo que el consumo de carne equina en Argentina históricamente ha sido mínimo y casi inexistente en el mercado interno.
“Es algo muy pequeño, prácticamente no se puede ni medir en estadísticas. En Argentina estamos acostumbrados a la mejor carne vacuna del mundo y no sé si la gente va a adoptar este tipo de consumo”, explicó.
Sin embargo, Schiffo aclaró que este tipo de emprendimientos deben ser acompañados, ya que representan iniciativas privadas que buscan ofrecer una alternativa en un contexto donde el precio de la carne vacuna se mantiene elevado.
Según indicó, uno de los factores que impulsa el interés por esta carne es su precio. Mientras algunos cortes de carne vacuna superan los 16.000 pesos por kilo, la carne de burro se ofreció alrededor de los 7.500 pesos, es decir, cerca de un 50% más barata.
“Cuando hay diferencias de precio tan grandes, la gente busca alternativas. Lo mismo pasó con el cerdo y el pollo, que en los últimos años aumentaron mucho su consumo”, señaló.
El empresario explicó que la carne equina tiene características particulares: suele ser un poco más dulce que la vacuna y, dependiendo del animal, algo más dura. Aun así, aseguró que puede consumirse en distintas preparaciones, como milanesas o guisos.
Más allá del fenómeno puntual en Chubut, Schiffo considera que el consumo masivo de carne de burro en Argentina es poco probable. “No va a competir con la carne vacuna, ni con el cerdo ni con el pollo. Es un nicho muy pequeño”, afirmó.
Durante la entrevista también se refirió al contexto actual del mercado ganadero. Según explicó, el precio de la carne vacuna está vinculado principalmente a la oferta y la demanda, y a la rentabilidad que actualmente tienen los productores.
“Hoy el productor está en una situación económica mejor que en otros años y vende menos animales porque con menos ventas puede equilibrar sus finanzas”, explicó.
El empresario también advirtió sobre otro problema del sector: la faena clandestina y los mataderos sin controles sanitarios adecuados. Según indicó, este fenómeno distorsiona las estadísticas reales de consumo y puede representar un riesgo para la salud pública.
“Hay muchos lugares donde se faena sin controles sanitarios estrictos. Eso genera una competencia desleal para quienes trabajamos con frigoríficos habilitados y además pone en riesgo al consumidor”, sostuvo.
Finalmente, Schiffo descartó que su empresa se sume a la producción o comercialización de carne de burro. Señaló que su actividad se mantiene enfocada en la producción bovina para consumo interno y exportación.
Incluso recordó una tradición familiar vinculada al respeto por los animales de trabajo del campo. “En nuestra familia nunca vendemos los caballos cuando terminan su etapa de trabajo. Los dejamos descansar en el campo hasta que mueren. Es una forma de agradecerles por todo lo que hicieron”, concluyó.
El debate sobre la carne de burro, mientras tanto, sigue abierto. Para algunos es una alternativa económica que podría ganar espacio en tiempos de crisis; para otros, una curiosidad pasajera en un país donde la carne vacuna sigue siendo parte central de la cultura alimentaria