La industria textil atraviesa una profunda crisis y advierte sobre el cierre de empresas, la pérdida de puestos de trabajo y una fuerte caída de la producción. Desde la Fundación ProTejer aseguran que la recuperación dependerá principalmente de recomponer el consumo interno y generar condiciones de competencia más equilibradas.
La industria textil argentina atraviesa un escenario cada vez más complejo, marcado por la caída del poder adquisitivo, el retroceso del consumo interno y el crecimiento de las importaciones. La situación ya se traduce en cierres de empresas, reducción de la producción y pérdida de miles de puestos de trabajo.
Así lo explicó Priscila Makari, Directora ejecutiva de la Fundación ProTejer en declaraciones exclusivas a Radiofmtotal al analizar la situación que atraviesa uno de los sectores industriales con mayor presencia en las provincias.
Makari definió el escenario como una “tormenta perfecta”, producto de varios factores que se combinan y profundizan las dificultades de las empresas.
Según explicó, el principal problema actualmente es la falta de consumo. El incremento de tarifas, transporte, alimentos y alquileres, sumado a la pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y al crecimiento del desempleo, redujo considerablemente los recursos de las familias destinados a la compra de bienes.
“Hoy no se está vendiendo en Argentina”, sostuvo la dirigente, al remarcar que la caída de las ventas no afecta únicamente a los productos nacionales, sino al mercado interno en general.
Importaciones y una competencia cada vez más difícil
A la contracción del consumo se suma el crecimiento de las importaciones, especialmente de productos provenientes de Asia.
Desde la Fundación ProTejer cuestionan que la producción nacional deba competir con bienes que ingresan al país mientras las empresas argentinas continúan enfrentando elevados costos impositivos, laborales, logísticos y de producción.
Makari también mencionó el ingreso de ropa usada y el crecimiento de plataformas de comercio electrónico, señalando que estos factores agregan presión sobre las empresas nacionales.
La consecuencia, explicó, es una reducción de la participación de la producción argentina en un mercado que, además, se encuentra cada vez más reducido.
Más de 500 pymes cerradas
Uno de los datos más preocupantes expuestos durante la entrevista es el impacto que la crisis ya tuvo sobre las empresas y el empleo.
De acuerdo con las cifras mencionadas por ProTejer, más de 500 pymes textiles cerraron en todo el país y se perdieron más de 25.000 puestos de trabajo formales en el sector.
La situación tiene un impacto especialmente fuerte en el interior del país, donde muchas localidades dependen de la actividad industrial para sostener el empleo y el movimiento económico.
“Cuando no hay trabajo tampoco se llena el restaurante, ni se va a la peluquería ni se compran otro tipo de bienes”, explicó Makari, al describir el efecto que el cierre de una fábrica genera sobre toda la economía local.
Además, advirtió que cuando una planta industrial cierra no solamente desaparecen empleos: también se pierde infraestructura, inversión y conocimiento acumulado durante décadas.
El 70% de las máquinas estaría parado
El nivel de actividad del sector constituye otro de los principales motivos de preocupación.
Según la referente de ProTejer, la mayoría de las empresas textiles está funcionando aproximadamente al 30% de su capacidad instalada, lo que significa que cerca de siete de cada diez máquinas permanecen sin producir.
Con una capacidad ociosa tan elevada y una rentabilidad negativa sostenida durante meses, las empresas encuentran cada vez mayores dificultades para mantener sus estructuras.
El problema alcanza incluso a firmas con una extensa trayectoria, que durante décadas desarrollaron capacidades productivas y generaron empleo en distintas regiones del país.
Reclaman “nivelar la cancha”
Frente a este panorama, desde el sector consideran necesarias medidas que permitan aliviar la situación financiera de las empresas, entre ellas moratorias y una reducción de determinadas cargas impositivas.
Sin embargo, Makari sostuvo que el objetivo no debería ser solamente bajar impuestos, sino “nivelar la cancha” para que las empresas argentinas puedan competir en condiciones similares a las de sus competidores internacionales.
También planteó la necesidad de avanzar en reformas estructurales, particularmente en materia impositiva y logística, para reducir los costos que afectan a la producción nacional.
En ese sentido, destacó la importancia de generar mayor valor agregado dentro del país: no es lo mismo exportar una materia prima que transformarla en un producto terminado con diseño y marca argentina.
El consumo, la clave para salir de la crisis
Para la Fundación ProTejer, ninguna medida sobre el sector productivo será suficiente si no se logra recuperar el poder de compra de la población.
Makari señaló como alternativas el incremento de jubilaciones y salarios y la generación de incentivos que permitan reactivar el consumo.
La preocupación central está vinculada con el círculo que se genera entre la caída del empleo y la actividad económica: menos empleo significa menos consumo; menos consumo implica menos producción; y una menor producción genera nuevamente más desempleo.
Desde el sector advierten que, sin un cambio de rumbo, este proceso podría profundizarse durante los próximos meses.
La industria textil busca así sostenerse en un contexto adverso, mientras reclama políticas que permitan preservar empresas, recuperar producción y evitar que Argentina siga perdiendo capacidades industriales construidas durante décadas.
El desafío ya no pasa solamente por vender más ropa: se trata de sostener una cadena productiva completa, preservar miles de empleos y evitar que el deterioro de la industria nacional termine teniendo consecuencias económicas y sociales mucho más profundas.