En una entrevista en los estudios de Radiofmtotal María del Carmen Lemos repasó los inicios de su emprendimiento de fabricación de alpargatas, una historia de esfuerzo, perseverancia y creatividad que comenzó hace ya dos décadas en Curuzú Cuatiá.
La emprendedora recordó que sus primeros pasos surgieron casi por casualidad. En aquel entonces se dedicaba a la venta de cuero curtido y uno de sus clientes era Marcelo Garabaglia, fabricante de alpargatas. Fue él quien le sugirió que se animara a producirlas por cuenta propia.
“Esa oportunidad de empezar con las alpargatas me la dio Marcelo. Comencé en su fábrica aprendiendo a cortar y armar, con la ayuda de las chicas que trabajaban allí. Así nació Koé”, relató.
Los comienzos no fueron sencillos. María del Carmen inició sola, trabajando con una antigua máquina de coser familiar. Entre risas recordó una de las anécdotas que marcó sus primeros tiempos en el oficio.
“Cortamos 115 pares de alpargatas de cuero y los cosí todos al revés. Yo estaba orgullosa del trabajo hasta que me señalaron el error. Quería llorar, pero hoy nos reímos de eso. Son cosas que pasan cuando uno está aprendiendo”, contó.
A lo largo de estos veinte años atravesó distintas crisis económicas, dificultades para acceder a créditos y la necesidad constante de incorporar nuevas tecnologías. Sin embargo, considera que la llegada de la primera máquina industrial marcó un antes y un después.
“Cuando conseguí la primera máquina dije: ‘acá no me para nadie’. Y desde entonces seguimos creciendo”, expresó.
La empresaria destacó también la importancia del trabajo en equipo. Actualmente trabajan cuatro personas de manera permanente en el taller, además de costureras que realizan tareas desde sus hogares.
“Entramos al taller y nos reímos desde que llegamos hasta que nos vamos. Es una terapia. Crear es lo más lindo que hay”, afirmó.
Uno de los aspectos distintivos de sus productos es el diseño. María del Carmen es la encargada de imaginar nuevos modelos y combinaciones.
“Los diseños son todos míos. Muchas veces veo una tela y enseguida imagino cómo quedaría en una alpargata. Así nació, por ejemplo, la línea de encaje, que hace años es una de las más pedidas”, señaló.
Con el paso del tiempo, las alpargatas de Koé trascendieron las fronteras locales. Hoy reciben pedidos desde distintas provincias argentinas e incluso desde otros países.
“Hay clientes que nos piden modelos especiales para llevar a España o a otros lugares. Algunos quieren que les agreguemos una banderita argentina para regalar a sus familiares”, comentó.
Lo que comenzó en el living de su casa, rodeada por el olor del cuero, el pegamento y la pintura, se transformó en un emprendimiento consolidado que sigue creciendo gracias al esfuerzo familiar y al compromiso de quienes participan en cada etapa de producción.
“Jamás imaginé llegar a todo esto. Cuando empecé sola con mi máquina familiar no pensaba en lo que vendría después. Pero seguimos trabajando con las mismas ganas de siempre”, concluyó.