La historia de un joven curuzucuateño detrás de una postal de la Fiesta Nacional del Chamamé

Un joven con remera celeste era parte del numeroso público que participó días atrás de la Fiesta Nacional del Chamamé. Estuvo sentado -como tantos otros- en un banco del anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola. Pero su expresión corporal, especialmente la de su rostro, llamó la atención de uno de los fotógrafos de este diario, quien decidió registrar esa emotiva escena en imágenes.

Horas después, esas dos fotos se viralizaron en distintas plataformas virtuales y ese joven cantando con los ojos cerrados dejó de ser anónimo. Al verlas, uno puede imaginar muchas cosas y teniendo en cuenta el contexto, deducir por ejemplo que el chamamé es una música que disfruta con mucha emoción.

Lo que no se puede saber con sólo contemplar la foto es que se llama Eduardo Barrios Molina, que hace 18 años nació en Curuzú Cuatiá y que por estos días vive en Concepción del Uruguay, donde estudia Medicina. Y aunque ahora está de receso, en breve deberá volver a suelo entrerriano a seguir el segundo año de su formación académica.

Pero antes de volver a ensimismarse en los libros y regresar a la rutina diaria de estudiante, quería cumplir esa promesa que se hizo a él mismo hace un año cuando las lágrimas rodaron por sus mejillas al ver por streaming la Fiesta Nacional del Chamamé 2023. Esa promesa era precisamente estar de manera presencial en el anfiteatro.

"Siempre quería venir", rememoró Eduardo. Pero su pueblo natal parecía quedar lejos de la capital correntina. Eso, sumado a otros factores, no hacían viable su viaje para disfrutar de esa música que desde diciembre de 2020 es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Fue así que el último jueves 18, hasta horas de subir al colectivo que lo trasladó hasta la terminal de la ciudad de Corrientes, no sabía si tendría un acompañante o tendría que venir solo. Sin embargo, logró convencer a su padre, Ángel Eduardo, conocido como Walo.

Así que ambos se subieron al medio de transporte, para ser partícipes personalmente de la séptima velada chamamecera que, entre sus artistas tenía a uno de sus preferidos, Mario Bofill. Y si bien señaló que disfruta de los acordes de diferentes grupos, destacó que el loretano tiene la capacidad de llegar con sus versos a lo más profundo del corazón y por eso, Viva la Pepa es su canción predilecta.

Las melodías de ese tema y de tantos otros que escuchó en vivo, consideró que valieron cada kilómetro recorrido desde Curuzú Cuatiá hasta el anfiteatro y hasta el tiempo que durmieron en la terminal para esperar al colectivo que los llevó de regreso al hogar. Allí, donde anoche miraban la transmisión de la Fiesta Nacional del Chamamé que esta noche se despide de su edición 2024.

República de Corrientes. 
 

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