El sector hotelero y gastronómico atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años en todo el país, con un impacto particularmente fuerte en la provincia de Corrientes. La baja rentabilidad, la caída en la ocupación y la creciente competencia informal configuran un escenario que referentes del rubro califican como “muy oscuro”.
En una entrevista exclusiva a Radiofmtotal presidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica y Afines de Corrientes (AEHGA) Edgar Verellén, los niveles de actividad han descendido de manera alarmante. En ciudades del interior correntino, la ocupación hotelera ronda apenas entre el 30% y el 40%, incluso en destinos tradicionalmente turísticos vinculados a la pesca, como Paso de la Patria. Durante la semana, muchos establecimientos permanecen prácticamente vacíos, lo que genera pérdidas difíciles de revertir, teniendo en cuenta que una habitación sin ocupar representa un ingreso que no se recupera.
En la capital provincial, históricamente caracterizada por su dinamismo, el panorama tampoco es alentador. La disminución del turismo y el cambio en los hábitos de consumo impactaron directamente en las reservas, que ya no se realizan con la anticipación de otros años y, en muchos casos, no logran cubrir los costos operativos.
Uno de los factores que más preocupa al sector es el crecimiento sostenido de los alquileres temporarios informales. Esta modalidad, que se expandió con fuerza en los últimos años, representa una competencia directa para los hoteles, pero sin las mismas exigencias impositivas, laborales y de seguridad. Desde el sector aseguran que, si bien se analiza la posibilidad de impulsar regulaciones municipales, el proceso es complejo y no garantiza una solución de fondo.
En este contexto, los hoteles más pequeños, especialmente aquellos de una a tres estrellas y de carácter familiar, son los más comprometidos. Según se advirtió en encuentros nacionales del sector, muchos podrían desaparecer si la situación no mejora. En contraste, las grandes cadenas cuentan con mayor respaldo financiero y suelen sostenerse a partir del turismo corporativo y la organización de eventos.
Precisamente, la realización de eventos aparece como una de las pocas alternativas para reactivar la actividad. Desde el sector insisten en la necesidad de trabajar de manera conjunta con el Estado para generar encuentros, congresos o competencias que atraigan visitantes y permitan incrementar la ocupación, al menos durante fines de semana puntuales.
La crisis también alcanza a la gastronomía, que enfrenta una caída en el consumo y altos costos operativos. A diferencia del comercio tradicional, donde la mercadería puede venderse en otro momento, en hotelería cada día sin actividad implica una pérdida directa, agravada por la necesidad de mantener personal y servicios durante las 24 horas.
A esto se suma la imposibilidad de realizar inversiones o mejoras en los establecimientos, una práctica habitual en temporadas bajas que hoy resulta inviable por la falta de recursos.
El panorama general refleja una fuerte dependencia de la situación económica nacional. Desde el sector coinciden en que una eventual recuperación dependerá, en gran medida, de una mejora en el poder adquisitivo de la población y de políticas que incentiven el turismo interno.
Mientras tanto, empresarios continúan apelando a promociones, descuentos y convenios con distintos sectores para sostener la actividad. Sin embargo, advierten que estas estrategias son paliativas y no alcanzan para revertir una crisis estructural que, por ahora, no muestra señales claras de mejora.