La producción apícola argentina atraviesa una paradoja evidente: mientras la miel nacional es altamente valorada en los mercados internacionales, el consumo interno sigue siendo bajo. Así lo explicó en una entrevista exclusiva a Radiofmtotal Roberto Inberti, representante de la Sociedad Argentina de Apicultores, en diálogo radial, donde analizó las causas culturales, productivas y comerciales detrás de este fenómeno.
Bajo consumo interno: una cuestión cultural
Según datos históricos, el consumo per cápita en Argentina ronda apenas los 200 a 250 gramos anuales, una cifra muy inferior a la de países europeos, donde se consumen entre 2 y 3 kilos por persona. Para Inverti, el principal motivo es la falta de hábito:
“Nosotros no tenemos incorporada la miel como alimento cotidiano. La asociamos más al invierno o a un remedio casero que a un producto de consumo diario”.
Si bien en los últimos años campañas como la “Semana de la Miel” —impulsada en torno al Día Mundial de la Abeja— han ayudado a visibilizar sus beneficios, el cambio cultural aún es incipiente.
Producción afectada por el cambio climático
El sector también enfrenta desafíos productivos. El impacto del cambio climático y el uso intensivo de agroquímicos han reducido significativamente el rendimiento de las colmenas.
Hace algunas décadas, una colmena podía producir entre 50 y 70 kilos de miel al año. Hoy, alcanzar los 25 o 30 kilos ya es considerado un buen resultado. Las condiciones climáticas inestables, con lluvias irregulares y temperaturas atípicas, generan una producción desigual incluso en zonas cercanas.
Además, los herbicidas afectan directamente a las abejas, no solo por toxicidad sino también por la eliminación de flora, su principal fuente de alimento.
Un producto de exportación
A pesar de estas dificultades, Argentina sigue siendo un actor clave en el mercado global. La miel nacional es reconocida por su calidad, trazabilidad y condiciones sanitarias, lo que la vuelve altamente demandada.
Países como Estados Unidos, Alemania y Japón concentran gran parte de las compras. De hecho, alrededor del 95% de la producción se exporta. Solo Estados Unidos absorbe cerca del 60%, debido a su alta demanda y problemas en su propia producción apícola.
Competencia y adulteración
En el escenario internacional, uno de los principales desafíos ha sido la competencia con productos adulterados, especialmente provenientes de Asia. Estas “mieles” industriales, elaboradas a base de jarabes, llegaron a ser difíciles de detectar, aunque los avances tecnológicos actuales permiten identificarlas con mayor precisión.
En Argentina, si bien existen casos aislados, el control sanitario y los análisis de calidad permiten garantizar un producto genuino cuando se adquiere en canales confiables.
Un potencial por desarrollar
Más allá del contexto, el sector coincide en que el crecimiento del consumo interno es una oportunidad. La miel no solo es un endulzante natural, sino también un alimento con múltiples propiedades nutricionales y beneficios para la salud.
El desafío, concluyen desde el sector apícola, es lograr que los argentinos la incorporen en su dieta diaria y no solo como un recurso ocasional.